jueves, junio 13, 2024
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A mi madre le decían loca

A mi Madre le decían loca.

Pero no era loca, era profesora. Hablaba diferente.

Decía:

«Los ojos sirven para escuchar». (*) Yo tenía diez años de edad.

Un niño no comprende el lenguaje vertical y pensaba que quizá mi madre era loca.

Cierta vez me armé de valor y le pregunté:

¿Con qué miramos?

Mi madre me respondió: «Con el corazón».

Cuando mi madre se levantaba de buen humor cantaba:

» Hoy me he puesto mi vestido de veinte años».

Yo sabía que no tenía veinte años y la miraba,nada más. ¿Qué puede hacer un niño, sino escuchar?

Si mi madre estaba triste decía estar vestida de niebla.

» Hoy tengo ochenta años» -dijo-, cuando desaprobé un curso.

Al fin pude terminar la educación primaria.

El día de la clausura llegó tarde. Se disculpó diciendo:

«Hijito, me demoré porque estuve buscando mi vestido de Primera Comunión, ¿No ves mi vestido de Primera Comunión?».

Miré a mi madre y no estaba vestida de Primera Comunión.

Después tuvo ese accidente fatal. Me llamó a su lado, cogió fuerte mis manos y dijo:

«No tengas pena, la muerte no es para siempre».

Pensé: mi madre no se da cuenta de lo que habla. Si uno muere es para siempre.

Era niño y no entendía sus palabras. Ahora tengo cincuenta años y recién comprendo sus enseñanzas.

Sí, Madre. Podemos tener 20 años y al día siguiente ochenta.

Todo depende de nuestro estado de ánimo. Los ojos sirven para escuchar porque debemos mirar con atención a quien nos habla.

Para conocer la realidad esencial de una persona, tenemos que mirarla con el corazón. La muerte no es para siempre, sólo muere lo que se olvida y a mi madre la recuerdo porque la quiero. Ahora -en sueños platicamos- nos reímos de su método de enseñanza.

Aprendí a mirar con el corazón. Una noche me dijo:

«He notado que te molestas si tus amigos te dicen loco y eso no está bien.

Es natural que el hijo de una loca sea loco».

Entonces -por primera vez- repliqué a mi madre y le dije:

«Madre, te equivocas, no siempre el hijo de una loca tiene que ser loco; a veces es poeta».

Por eso puedo decir con orgullo:}

A mi madre le decían loca, pero no era loca…

ERA PROFESORA

Me enseñó a descubrir la vida después de la muerte.

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3 COMENTARIOS

  1. A mi madre la decían loca. Hermosa lectura de reflexión relatada por un hijo al que su madre le decían loca y a su corta edad, pensaba lo mismo.

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