Ya he aprendido a mirar en otra dirección para esquivar la piedra.

Que ya no necesito que la vida se concentre en tu mirada
Que ya no necesito que la vida se concentre en tu mirada, ni que la lluvia vista mis cristales empañándome los párpados. 
Que no necesito que me llenes la boca de deseos, ni que me abraces la ausencia cuando vuelvo a casa. 
No te creas el dueño de mis demonios porque el suelo no supo evitar mi caída... ya he aprendido a mirar en otra dirección para esquivar la piedra. 
No pienses que los tres puntos suspensivos eran tuyos... me sobraron dos cuando quisiste volver.
Óyeme: Hace tiempo que me di la vuelta, que ando de puntillas para que mis huellas lleguen tarde a todos los sitios, que no me arrepiento de conocerme -ahora me espero en los espejos-, que ya superé el dolor que oprimía mis pulmones, porque me di cuenta de que a tu adiós le faltaron las manecillas del reloj para marcharse...

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