Carta a mis hijos JAMÁS SE RINDAN.

Queridos hijos:

He colaborado para que vengan a un mundo que, no sé bien, si merece el amor con el que fueron engendrados. Pero aquí están y son los latidos de mi corazón y la alegría de mis días.
Carta a mi hijo,
No sé tampoco si les he dado lo mejor de mí, pero sé que el esfuerzo fue absoluto y procuré siempre ponerme delante de ustedes para que los dardos del destino no les lastimaran.

Sé que les debo mucho más tiempo que el que les he dado, ciertamente los tiempos que no les dí, fueron para que pudieran vivir sin apremios sus tiempos. Entregué muchos de los míos, para que disfrutaran los suyos.

Creo haber elegido para ustedes la más maravillosa mujer: VUESTRA MADRE.

En esto, estoy seguro que habrán valorado mi elección, y me jacto de haber superado vuestras expectativas y aún la mías.

Les he enseñado a dar los primeros paso hasta verlos correr... No sin dolor, ahora, les dejo hacer el trayecto del destino que ustedes y sólo ustedes podrán forjar. 


Debo forzar vuestro vuelo, mientras se me parte el corazón por los temores de las tormentas de la vida y desiertos que tendrán que afrontar.

JAMÁS SE RINDAN.

Es casi seguro que, para llegar a la cima, tendrán que rodar algunas veces por peñascos. Es necesario que suceda. La sabiduría y el valor no está en no rodar, sino en tener la fortaleza de siempre:

LEVANTARSE Y SEGUIR HACIA LA META.

Sé, que hemos puesto en sus manos con vuestra madre, algunas armas seguras de defensa que les acompañarán por toda sus vidas: amor, libertad, honradez, sinceridad, esperanza, sueños, esfuerzo y la humildad con la que deberán transitar los días radiantes de sol en vuestras vidas.

Pues no hay mayor éxito que aquél que no se ha considerado como tal.
Procuren no pedir ni deber nada a nadie, ya que hay más felicidad en el dar que el recibir.

No es bueno estar en la mano de otros, así que, apártense de las deudas y más de quienes les pidan su aval. Ayuden a todos los que puedan, pero jamás poniendo en riesgo sus esfuerzos y familias. Nos enseña Dios en las Escrituras a no salir de GARANTES O FIADORES DE NADIE.

Si tienen que dar, denlo, pero sin encadenarse a deudas u obligaciones ajenas.

Estoy feliz de verles desplegar las alas y sólo les hago un pedido: SEAN SIEMPRE UNIDOS, aceptando que todos tenemos derecho a equivocarnos y, cuándo más necesitamos que nos amen, es precisamente en esos momentos:

CUANDO NOS ESTAMOS EQUIVOCANDO y creemos estar en lo cierto.

Si han encontrado a Dios, pueden caminar tranquilos, Él los acompañará cada día de sus días.
Si aún no le han encontrado: BÚSQUENLE, pues no hay posibilidad alguna de ser plenamente feliz si falta la fe. Ella es el motor generador de los proyectos y sueños que conducen a las realizaciones.

Que el dolor ajeno jamás deje de conmoverlos, agradeciendo a Dios que no les sea propio.

NUNCA hagan leña del árbol caído. Nadie está exento de las caídas en este mundo.

Tampoco te alegres de las desgracias de tu enemigo -(si lo tuvieres)-, pues no conoces que hay en el corazón del hombre.


Queridos hijos:

Las puertas del destino les han sido abiertas.

Caminen con prudencia cada día de sus vidas, pues es una escalera que se sube lenta, pero puede bajarse rápidamente. Sólo bastará un mal paso.

Estoy feliz y orgulloso de ustedes.

Los quiere: Su padre

Dedicatoria del Libro: “Transponiendo... El Iris”
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