Tortillas para su papá

Reflexiones de Familia, El pequeño Pablo, un niño de seis años, una mañana decidió preparar unas tortillas para su papá. Llegó a la cocina y encontró un gran tazón y una cuchara, acerco una silla a la mesa, y trato de alzar el pesado paquete de harina para abrirlo. Pero la mitad del paquete quedo desparramada entre la mesa, la silla y el suelo. 
Tomó todo lo que pudo con sus manitos y la puso dentro del tazón, y después le puso un poco de leche y azúcar, haciendo una mezcla pegajosa que empezaba a chorrear por los bordes. ...
Además habían ya pequeñas huellas de harina por toda la cocina, dejadas por el y por su gatito. 
Pablito estaba totalmente cubiertocon harina, y estaba empezando a ponerse triste. 
El quería darles una sorpresa a sus papás haciendo algo muy bueno, pero todo le estaba saliendo al revés. No sabía que más había que agregar a su pasta, o si había que hornear las tortillas y además ni siquiera sabía cómo usar el horno. Cuando levanto su mirada, vio a su gatito sobre la mesa lamiendo el tazón, por lo que corrió a apartarlo, pero por accidente se volcó el cartón de la leche y además se quebraron unos huevos que habían sobre la mesa al caer al suelo. Intento agacharse para limpiarlo pero se resbalo y quedo con todo su pijama pegajoso, lleno de harina y huevo. Levanto su cabecita y en ese momento vio a su papá de pie en la puerta. Dos grandes lágrimas entonces se asomaron a sus ojos. 
El solo quería algo bueno, pero en realidad lo que había causado era un gran desastre. Estaba seguro de que su papá le iba a regañar y muy posiblemente le iba castigar. Pero su papá solo lo miraba, en medio de aquel desorden.... Entonces, caminando encima de todo aquello, sin decirle ni una sola palabra, tomo en sus brazos a su hijo que no cesaba de llorar, sin importarle llenarse el mismo de harina y huevo y apretándolo contra su pecho, lo abrazo con un amor infinito...

“Así es como Dios nos trata. A veces tratamos de hacer las cosas bien, pero sin querer terminamos haciendo un desastre.
Discutimos y peleamos en familia, insultamos a un amigo, hacemos mal nuestras obligaciones, y desordenamos nuestra vida.

Otras veces, sólo podemos llorar, porque ya no sabemos qué más hacer.

Entonces, es cuando Dios nos toma en sus brazos, nos perdona y nos demuestra que nos ama, sin importarle que pueda ensuciarse con nuestra suciedad.
Pero por el simple hecho de habernos equivocado, no debemos dejar de “preparar pancakes” para Dios o para alguien especial.

Tarde o temprano lo lograremos y Dios estará orgulloso de nosotros, porque no nos dimos por vencidos.”

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