Prueba a Dios

Helena se encontraba aquel día disfrutando de un picnic en el campo, acompañada por un grupo de amigos que la habían invitado. Todos ellos eran jóvenes universitarios, muy intelectuales.

Charlaban animadamente mientras comían, sobre el mantel rojo de cuadros, acerca de diversos temas: sociedad, política…. y finalmente, durante el postre, hablaron de religión.

amigos,religión,Dios,ateo,peraUno de ellos, ateo, alzó la voz para enumerar las razones por las que Dios no existía. Cuando terminó su argumentación todos aplaudieron entusiasmados. Helena, cristiana, dio un último mordisco a la pera que estaba comiendo y preguntó en voz alta:

- Disculpa, ¿podrías decirme si la pera que acabo de comerme estaba en su punto?

Todas las miradas se posaron en ella asombradas ante lo absurdo de la pregunta. El muchacho ateo no podía dar crédito, pero de todos modos contestó:

- ¿Cómo quieres que yo sepa cómo estaba la pera que tú te has comido? ¿A qué viene eso ahora?


- ¡Exacto!- dijo Helena – Tu no sabes a qué sabe mi pera, porque no la has probado. Por la misma razón, para poder hablar, primero debes probar a Dios.

Se puede discutir hasta la saciedad sobre la existencia del Creador, pero hay algo indiscutible: la experiencia personal de millones de cristianos que afirman tener una relación personal con un Ser al que llaman Dios, que se revela en la Biblia y que actúa en sus vidas.

La verdadera religión no es una creencia, ni una filosofía, es una relación personal con un ser real: Dios.
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